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Dr. Renny Yagosesky

El Impulso Latino

MIAMI-DADE.- Desde que se instituyó como tiempo de celebraciones, la Navidad es una de las épocas del año más esperadas y anheladas por millones de personas en buena parte del mundo. Asimismo, es tiempo rechazado por otros, que consideran de poco valor el despliegue de entusiasmo que suele verse en los finales de cada año. Desde un ángulo, se trata de una fiesta religiosa que nos permite celebrar la llegada de Jesús, el llamado «Niño Dios». Es evidente que no pocos la han tomado como excusa para celebrar, sin que les importe mucho lo cristiano de estas fechas.

Disfrutar, divertirse o rumbear es lo que permanece en la mente de miles de seres que esperan deseosos el final del año para dedicarse, con todo y vacaciones, a disfrutar abiertamente de la comida, los festejos y la alegría navideña. Los que tienen la posibilidad económica, se dedican a regalar, a comprar «estrenos» y a llenar las despensas para, llegado el momento, compartir la clausura del año, con amigos y familiares.

No falta, claro está, quienes aprovechan estos días para hacer relaciones y aprovechar los regalitos para agradar a gente de su interés, o para resarcir algún daño, con un obsequio que intenta disculparse. Y es que en estos momentos, los sentimientos parecen ensancharse y los rencores suelen resultar absurdos y desencajados. Es, ciertamente, buena hora para las reconciliaciones y reencuentros.

Las dos últimas semanas del año, cobran tanta importancia para ciertos individuos, que los matrimonios aumentan, así como la adquisición de bienes y propiedades, siempre con la ayuda de ganancias por negocios, utilidades, aguinaldos y bonos otorgados por las empresas en las cuales laboran.

Esta es la cara bella de la Navidad. Esa que los niños aguardan con afán por los regalos, la unidad familiar, la diversión, los triquitraques, las luces de bengala, la comida abundante y las alegrías familiares.

Sin embargo, las Navidades tienen otra faz, una de dolor y sufrimiento, que bien vale la pena recordar para que su efecto no nos alcance, y podamos ganarle con previsión e inteligencia. Me refiero a la Navidad de la envidia, de la embriaguez, de los accidentes, de las riñas y de las depresiones.

Y es que cuando el que no tiene ve que a otro le sobra, es casi inevitable que sienta el filoso cuchillo de la envidia, cortar su paz y su risa.

En estos tiempos resulta usual el abuso del alcohol y otras drogas. Tomar licor desde tempranas horas, aunque es una tradición, puede también hacerse calamitoso para quienes no saben cuando parar. Resultados previsibles de esto: riñas, accidentes por manipulación de juegos pirotécnicos, cárcel y a veces muerte. Los días críticos hacia el 24 y el 31 del mes. El asunto es que lo que bien podría ser un momento potencialmente maravilloso, se convierte para algunos en una tragedia personal y familiar.

Un aspecto digno de mencionar es el efecto del gasto incontrolado, que suele mantenernos contentos en diciembre y frustrados en enero. Moderación es la norma para evitar este tradicional autoatentado al bolsillo. Y ni hablar de las depresiones navideñas, ocasionadas por la ausencia de seres queridos o por la conclusión a veces sobre exigente, de que no hicimos lo que nos habíamos prometido.

La tristeza es un estado relacionado con la pérdida y la carencia y puede ser evitada y superada si nos centramos en el perdón, la gratitud, la aceptación, la revisión sensata, el despliegue de una visión optimista hacia el devenir y con acción inteligente.

Perdonemos los errores de nuestros semejantes que, como nosotros lo hacemos, obran, miles de veces, desde el egoísmo, la inconsciencia y la ignorancia. Agradezcamos todo lo bueno que hemos recibido durante el año, incluyendo oportunidades, salud y afecto de los seres queridos.

Aceptemos lo que la vida nos da y nos enseña. Revisemos lo hecho y lo logrado cuidándonos tanto del perfeccionismo como del conformismo, de la indolencia y de la superexigencia. Veamos el porvenir con los ojos del optimismo, de la esperanza y de la fe, y actuemos de manera inteligente y creativa para lograr, para evolucionar, para alcanzar los más preciados sueños. Centrarse en lo que se ha ganado y en lo que se puede ganar, es siempre mejor que detenerse a llorar por lo que se ha perdido.

Queda, pues, en cada uno de nosotros, determinar el lado de la Navidad que deseamos vivir: el luminoso momento de amor y alegría o el nebuloso momento de tristeza y tragedia. Vamos a querernos y a hacer lo que es mejor. ¡Feliz Navidad! Y gracias por leerme hoy y durante todo el año.

Saben que mi objetivo es apoyarles a buscar y encontrar lo mejor de lo mejor, partiendo del poder personal, que por cierto, proviene de Dios. Gracias por leerme.

Dr. Renny Yagosesky
Psicólogo Clínico, MSc& PhD  en Psicología,
Periodista, Conferencista y Escritor

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