Salud muscular y envejecimiento  

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MIAMI.- Todos nosotros envejecemos, pero algunas personas muestran signos de envejecimiento más temprano que otras. También existen diferencias importantes entre el envejecimiento cronológico, que mide cuántos años ha vivido una persona, y el envejecimiento biológico, que involucra los procesos biológicos que causan cambios en el organismo relacionados con la edad. Algunas personas pueden envejecer biológicamente más lentamente que otras a pesar de tener la misma edad cronológica. La genética, el medio ambiente y las condiciones en el estilo de vida probablemente expliquen esta diferencia.

MEDICINA DEL ENVEJECIMIENTO

Autor: Dr. J. Ildefonzo Arocha Rodulfo / Cardiólogo clínico

jiarocha@gmail.com

Los grandes estudios que evaluaron tanto los cambios en el estilo de vida como el envejecimiento biológico proporcionaron nuevos conocimientos sobre el proceso y descubrieron que la actividad física es una de las intervenciones de entrenamiento potencialmente más efectivas que pueden ralentizar la progresión del envejecimiento biológico a través de cambios beneficiosos en la degradación del ADN, la modificación de la microbiota intestinal y la reducción del estrés oxidativo y la inflamación, mejorando colectivamente el estado físico y ralentizando el ritmo de envejecimiento. 

El ejercicio (cualquiera que sea) es una de las mejores medicinas para la salud general y lo que es bueno para el corazón también beneficia a los demás órganos, especialmente al cerebro y la mente, más interesante aún es que tiene una relación de dosis respuesta: más tiempo de ejercicio es igual a mejor estado de salud general. No existe una terapéutica médica que pueda retrasar la aparición de la demencia y otros problemas neurológicos, pero se ha demostrado consistentemente que el ejercicio ayuda a proteger el cerebro del deterioro cognitivo y, tal vez, incluso mejorar el funcionamiento cognitivo si surgen problemas.

La capacidad funcional o el cómo nos desenvolvemos en la vida diaria está relacionada con la salud y el bienestar de la persona, y son fundamentales para su autonomía y calidad de vida e incluye aspectos físicos, mentales y sociales. En términos físicos, se relaciona a la capacidad de realizar actividades como caminar, levantar objetos, mantener el equilibrio, entre otros y ello se deriva del estado de salud de los músculos. En lo mental, se refiere a la capacidad de pensar, recordar, tomar decisiones y resolver problemas y en lo social, se vincula a la interacción con otras personas, relaciones sociales y participar en actividades comunitarias.

En el Informe mundial sobre el envejecimiento y la salud del año 2015 de la Organización Mundial de la Salud (OMS) se establece que la meta del envejecimiento saludable es contribuir a fomentar y mantener la capacidad funcional a lo largo de los años mozos, lo cual pueda resultar en bienestar e independencia en la ancianidad.

No existe función orgánica que disminuya de modo más dramático y evidente a lo largo de la vida como la muscular y su deterioro con la edad afecta funciones tan disimiles de la vida diaria como la deambulación, movilidad, estado nutricional global, equilibrio y hasta la respiración.

La disminución de la masa muscular y la fuerza con la edad está bien documentada y asociada con debilidad, disminución de la flexibilidad, vulnerabilidad a enfermedades y/o lesiones, y alteración de la capacidad funcional. El término sarcopenia se ha utilizado para referirse a la pérdida de masa muscular, fuerza y deterioro del rendimiento físico en el anciano mayor y se ha convertido en una entidad clínica importante en una sociedad superenvejecida.  

La inactividad prolongada y/o el sedentarismo causan una pérdida de función y eficiencia dentro del sistema músculo esquelético con deterioro  de la masa muscular y eficiencia neuromuscular que afecta la fuerza y la potencia y, posteriormente, la capacidad para completar tareas funcionales y está estrechamente relacionada con una menor capacidad, fragilidad e independencia lo que contribuye a inflar los gastos en atención de la salud.

Los boletines de la OMS apuntan que casi 1800 millones de adultos (el 31%) no cumplen las recomendaciones mundiales de realizar una actividad física de grado moderado durante, al menos, 150 minutos a la semana. El nivel de inactividad se ha incrementado cinco puntos porcentuales desde 2010 y, de mantenerse esta tendencia, este porcentaje será del 35% en el año 2030.

La insuficiencia muscular lleva a la pérdida de la independencia, haciendo a las actividades cotidianas como caminar, lavar, salir de compras o vestirse, tareas difíciles o imposibles de cumplir. Además, con la debilidad muscular se encadenan una serie de eventos deletéreos para la función cognitiva como es menor socialización, dificultad para la lectura o compartir momentos con la familia o los amigos facilitándose el camino para el aislamiento y la demencia.

El desarrollo y fortalecimiento de la musculatura esquelética junto a la mejora del estado físico contribuyen al envejecimiento saludable con mayor autoconfianza y autoestima, facilitando la socialización.

Los informes de la OMS indican que los jóvenes de hoy no son tan activos como deberían y que el declive y el desinterés en la actividad física moderada a vigorosa aumenta constantemente después de los 6 años. Ningún niño es inmune a los estilos de vida reinantes en la mayoría de los hogares que a menudo consisten en mayor tiempo de pantalla recreacional, actividades sedentarias y exposición limitada a actividades físicas que mejoren la aptitud muscular. Las recomendaciones genéricas de simplemente moverse más no son suficientes para activar a esta generación joven y se necesita de mayor comprensión del impacto multidimensional negativo de la inactividad/sedentarismo en la salud cardiometabólica de los jóvenes y de su impacto en la tercera edad.

La fuerza muscular no solo es esencial para la salud de los adultos; también juega un papel crucial en el desarrollo saludable de niños y adolescentes y, por consiguiente, en un mundo cada vez más sedentario, donde los niveles de fuerza están disminuyendo entre los jóvenes. Estimular el desarrollo osteomuscular desde edades tempranas se ha convertido en una necesidad global. Invertir en aumentar la fuerza de los más jóvenes es invertir en su futuro y esta fortaleza física acumulada durante la infancia, juventud y la edad adulta se vincula con un menor riesgo de enfermedades cardiometabólicas y neurodegenerativas en la adultez tardía.

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