Multidimensionalidad de la función muscular
Gráfica cortesía
MIAMI. – Alrededor de la mitad del peso corporal está representado por los músculos que se dividen en tres grandes categorías, según su función: esquelético, cardíaco y liso. Cada tipo de tejido muscular en el cuerpo humano tiene una estructura única y una función específica.

MEDICINA DEL ENVEJECIMIENTO
Autor: Dr. J. Ildefonzo Arocha Rodulfo / Cardiólogo clínico
jiarocha@gmail.com
El músculo esquelético, junto con el sistema óseo, constituyen el aparato locomotor que posibilita movilizarnos gracias a las articulaciones y otra serie de elementos que permiten una delicada pero estrecha vinculación entre el aparato
locomotor y el sistema nervioso central (SNC) para la coordinación de los movimientos y el equilibrio. El músculo cardíaco contrae el corazón para bombear sangre de manera sistemática, noche y día, para irrigar a todos los tejidos del organismo. El músculo liso, inervado por el sistema nervioso autónomo, está dispuesto anatómicamente alrededor de órganos huecos como el estómago, el intestino y la vejiga, o en órganos más delicados como el ojo, para graduar la entrada de luz a la retina, o en los diminutos músculos del oído.
Por muchos años el músculo esquelético fue considerado como una entidad cuya función principal era la deambulación, los cambios de posición y el equilibrio, conceptos que se han modificado en las últimas décadas gracias a un mejor conocimiento, lo que nos permite destacar algunas cualidades en su constitución y funcionamiento:
- Su número alcanza más de 600, que representan entre el 40 al 50 % del peso corporal; esta proporción es mayor en los atletas y menor en los ancianos y en los sedentarios.
- A diferencia de otros tejidos, tiene una inusitada capacidad de regeneración en corto tiempo, con una estructura dinámica de excepcional propiedad intrínseca de adaptación metabólica a un sin número de estímulos (ambientales, nutricionales, por enfermedad o entrenamiento), cualidad que es definida como plasticidad, la cual es superior a la de muchos tejidos del organismo.
- Es un modulador del ritmo circadiano por contener la más grande colección de relojes periféricos del cuerpo humano para mantener la energía corporal y el sustrato metabólico.
- Es el órgano metabólico más grande de nuestro cuerpo y desempeña una función clave en el metabolismo de los glúcidos y de los lípidos. De hecho, es responsable de la captación de cerca del 80 % de la glucosa posprandial.
- Además, es la principal reserva de proteínas del organismo, de allí que cuando perdemos peso por mala calidad de alimentación, por limitación funcional o por estar encamados el músculo aporta las proteínas necesarias para el funcionamiento de los demás órganos.
- Durante la contracción muscular produce una serie de sustancias, denominadas miocinas o mioquinas y las exercinas, que ejercen funciones específicas sobre otros sistemas o tejidos del organismo como el cerebro, el hueso, el páncreas, el sistema inmune,
Ciclo vital de la masa muscular. A diferencia de otros órganos y gracias a su plasticidad, el músculo esquelético posee un remedo de ciclo vital: puede crecer, regenerarse después de una lesión o del reposo obligado en cama y, por último, degenerar y ser invadido por tejido adiposo perdiendo así sus propiedades biomecánicas.
La fuerza (capacidad que tiene un músculo para generar una tensión y actuar contra una resistencia) y potencia (capacidad de realizar un trabajo muscular en el menor tiempo posible) del músculo esquelético se deteriora con el paso de los años ocasionando pérdida de la función muscular, según:
- Puede iniciarse alrededor de los 35 años dependiendo si la persona es activa o sedentaria.
- Cursa a una velocidad de 1% a 2 % de pérdida por año para la mayoría de las personas, acelerándose a un 3% a partir de los 60.
- Cada década por encima de los 40 años, la potencia de la masa declina en 17% y la fortaleza en 10%.
- A la edad de 70 años, se habrá perdido el 51% de la potencia y el 30% de la fortaleza. Se pierde potencia casi el doble de lo que se pierde en fortaleza.
Según los hábitos (activo o sedentario) esta pérdida puede ser leve, moderada o severa; aunque, en promedio para un adulto sedentario, puede llegar a perder entre 2 a 3 kg de músculo por década, siendo esta masa reemplazada por grasa, razón por la cual no se modifica el peso corporal. Lo grave de este recambio es la pérdida de células que son beneficiosas para la salud y son reemplazadas por otras poco o nada funcionales que incluso pueden ser perjudiciales.
La pérdida o deterioro de la masa muscular es una marca de la fragilidad corporal, la cual está asociada a una serie de condiciones deletéreas como mayor riesgo de caídas resultando en fractura una alta proporción, complicaciones operatorias y postoperatorias, estancia hospitalaria prolongada, baja capacidad funcional y calidad de vida y supervivencia más corta, inmunidad deficiente y su progresión a la sarcopenia con serias implicaciones para la salud en el adulto mayor. Por ello, este grupo etario debe poner una mayor atención al estado de la masa muscular, tanto en cantidad como en calidad.
La masa muscular y su fortaleza varían a lo largo de la vida, aumentando en la juventud y adultez joven, estabilizándose en el término medio de la vida y mermando con el envejecimiento; en consecuencia, para prevenir o retardar la pérdida de la fuerza y de la potencia es fundamental fortalecer el músculo en las primeras cuatro décadas de la vida, mantenerlo en las décadas siguientes y minimizar la pérdida en el adulto mayor.
Por demás el músculo esquelético es un tejido extremadamente heterogéneo y con distintas clases de fibras, las cuales son capaces de cambiar sus propiedades en respuesta a las demandas funcionales. Esta diversidad es transcendental y bajo ciertas condiciones pueden ocurrir cambios en las fibras de rápidas a lentas y viceversa, una propiedad conocida como plasticidad muscular, diferenciándose como:
- Tipo I o de contracción lenta, soportan actividades de resistencia de larga distancia como correr un maratón. Son capaces de mantener contracciones por largo plazo, clave para la estabilización y el control postural. Producen menos fuerza y son más lentas para generar más tensión máxima que las fibras de tipo II.
- Tipo II o de contracción rápida soportan movimientos rápidos y potentes como correr o levantar pesas y se fatigan más rápido.
Con el envejecimiento, la pérdida de las fibras rápidas ocurre a mayor velocidad, y eso explica que, al envejecer además de débil, también nos hacemos más lentos con una marcha, a veces titubeante. Esta debilidad muscular progresiva nos lleva a la pérdida de la independencia, haciendo a lo cotidiano más difícil o imposible como el caminar, salir de compras y, en grado extremo, dificultad para vestirse. Además, con la debilidad se incorporan una serie de eventos deletéreos para la función cognitiva como ser menos sociables, dificultad para la lectura o compartir con la familia o los amigos facilitándose el camino para la demencia.
Las intervenciones de la actividad muscular sobre los distintos órganos se resumen en la figura siguiente:

