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  • El 6 de febrero día del corazón de las mujeres
  • El conocimiento tiene el poder de salvar vidas

MIAMI-DADE.– Es un hecho indiscutible, fisiológicamente hablando, que las mujeres están protegidas de las enfermedades cardiovasculares (ECV) debido a los estrógenos, hormonas sexuales con numerosos efectos beneficiosos; pero a medida que se envejece y, específicamente, después de la menopausia, pierden tal escudo protector y se incrementa la prevalencia de las ECV que pueden, incluso, superar a la observada en los hombres. Más aún, en ellas existen ciertos condicionantes particulares, antes desconocidos, que pueden modificar el estado de salud cardiovascular en la tercera edad, por ejemplo, la menarquia o la menopausia precoz, que favorecen el desarrollo temprano de eventos clínicos. Por otro lado, existen situaciones adversas que ocurren durante el embarazo que imponen una pesada carga sobre el riesgo cardiovascular de quienes las padecen.

MEDICINA DEL ENVEJECIMIENTO

Autor: Dr. J. Ildefonzo Arocha Rodulfo / Cardiólogo clínico

jiarocha@gmail.com

La realidad de las enfermedades cardiovasculares en la mujeres es tan palpable como en los hombres y este hecho es poco atendido. Apenas el 44% de las mujeres son conscientes de que la enfermedad cardiovascular es la principal causa de muerte en ellas.

De hecho, las estadísticas mundiales han mostrado que el 35 % de las mujeres que murieron en 2019 lo hicieron por un problema del corazón. Este tipo de dolencias, que sufren más de 275 millones de mujeres en todo el planeta, se cobran más vidas que todas las formas de cáncer juntas o cualquier otra enfermedad y las mujeres ameritan conocer su mayor amenaza, porque hasta el 80% de los ataques cardíacos y accidentes cerebrovasculares se pueden evitar.

Si bien la estructura y funcionamiento del sistema cardiovascular es idéntico en hombres y mujeres, el comportamiento es distinto si se toma en cuenta que uno responde a la testosterona y el otro a los estrógenos. Estas diferencias han llevado a entender que las

enfermedades cardiovasculares y sus factores de riesgo presentan contrastes significativos en sus manifestaciones clínicas y en su evolución.

Ambos sexos comparten factores de riesgo comunes, pero con ciertas peculiaridades diferenciales que significan una mayor carga para el sexo femenino, por ejemplo:

  1. El tabaquismo en las mujeres que usan anticonceptivos orales tiene un impacto más dañino sobre la salud que en las no usuarias de estos fármacos.
  2. Si bien la presión arterial (PA) es más baja en las mujeres que en los hombres, su incremento con el envejecimiento ocurre más rápido y temprano en ellas. Para un mismo grado de elevación de la PA, las mujeres tienen un mayor riesgo de infarto de miocardio y ACV.
  3. La diabetes mellitus tipo 2 de aparición en la tercera edad evoluciona a las complicaciones más rápidamente en la mujer que en el hombre.

La evidencia también indica que las mujeres pueden tener respuestas menos favorables a la intervención coronaria percutánea y a la cirugía de revascularización miocárdica y tienden a presentar peor evolución luego de un infarto agudo de miocardio, especialmente en el curso del primer año del evento. Otro detalle intrigante es que la mujeres sin factores de riesgo cardiovascular pueden tener una tasa de mortalidad por infarto agudo de miocardio hasta tres veces mayor que la de los hombres con, al menos, un factor de riesgo modificable.

En las mujeres además cuentan los eventos cardiovasculares adversos ocurridos durante la gestación y la menopausia, como: Trastornos hipertensivos del embarazo (hipertensión arterial, preeclampsia), diabetes mellitus gestacional, parto prematuro, desprendimiento prematuro de placenta y parto de feto muerto, todos ellos individualmente imprimen un mayor riesgo de eventos clínicos cardiometabólicos décadas después. Por consiguiente, la mujer debe planificar su embarazo en excelentes condiciones y bajo estricto control de aquellas funciones como la presión arterial o la glucosa en sangre que pudieran alterarse durante la exigente prueba de esfuerzo fisiológica que representa el embarazo.

Es importante destacar que muchos de los cambios menopáusicos conocidos vienen gestándose desde ates. Veamos. Usualmente, en promedio, la menopausia marcada por la desaparición de la menstruación por más de un año, ocurre alrededor de los 50 años, pero desde el final de la década de los 30 están ocurriendo cambios imperceptibles en el organismo femenino como son: pérdida de masa muscular y ósea,  en el metabolismo de los lípidos y de los hidratos de carbono, el incremento en la actividad simpática y la elevación de la presión arterial y la resistencia a la insulina parece ser el denominador común en respuesta a la deficiencia de los estrógenos por el deterioro de la función ovárica.

En consecuencia, la transición de la mujer de una etapa reproductiva a la no reproductiva está marcado por cambios hormonales y metabólicos importantes junto con síntomas psicológicos y psicosociales que son relevantes al riesgo cardiovascular. Por demás, la menopausia es la etapa de mayor duración en la vida de las mujeres y en la que se enfrentan a un mayor riesgo de enfermedad cardiometabólica y a las posibles consecuencias tardías de un evento adverso durante el embarazo.

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Hay que considerar a la menopausia como la etapa donde la mujer entra en una mayor productividad y libertad al no tener riesgo de embarazo ni molestias por la menstruación, por tanto, pueden invertir mejor el tiempo y recursos en sí mismas, sus familias o empleo.

Sin embargo, tales cambios pueden o no ocurrir dependiendo del estado de salud previo y los antecedentes familiares de ECV. Estos son aspectos muy importantes ya que hoy día se conoce que hay un vínculo estrecho entre la salud cardiovascular en la adolescencia y adultez joven y la observada en la tercera edad, tanto para mujeres como hombres. En otras palabras, una vejez saludable mucho depende de lo que se ha cuidado en los años mozos.

Hay que aclarar que los cambios señalados están identificados como factores de riesgo de ECV y, por consiguiente, la pre, perimenopausia y menopausia son ventanas de oportunidades para la prevención cardiometabólica en las mujeres, lo que implica una mayor atención por parte de ellas mismas siguiendo reglas muy sencillas, como las siguientes:

  1. La circunferencia abdominal a la altura del ombligo debe ser menor de 88 cm.
  2. Dieta saludable, rica en vegetales y frutas.
  3. Actividad física regular y vigorosa, idealmente todos los días.
  4. Cese del tabaquismo y evitar ser fumador pasivo.
  5. Presión arterial igual o menor a 120/80 mmHg.
  6. Lípidos sanguíneos que sigan la regla “mientras más bajo, mejor”: colesterol total por debajo de 200 mg/dL, colesterol LDL inferior a 100 mg/dL, y triglicéridos alrededor de 100 mg/dL.
  7. Glucemia en ayunas inferior a 100 mg/dL.
  8. Cumplir con 7 a 8 horas diarias de dormir.

Para cerrar, han quedado dos noticias: una buena y otra no tan buena. La primera tiene que ver con el levantamiento del veto por parte de la FDA que tenía la terapia hormonal de la menopausia. Tras 20 años de prohibición, luego de la revisión exhaustiva y crítica de las investigaciones que dieron origen a tal situación, las mujeres en la transición menopáusica o en los primeros años de menopausia podrán utilizar nuevamente estrógenos con lo cual se reduce el riesgo de osteoporosis, mejoran los síntomas vasomotores (“vaporones”) o la sudoración nocturna y se retarda o ralentiza el deterioro cognitivo.
La noticia no tan buena tiene que ver con la información desmedida, incontrolada y poco ética de productos supuestamente de eficacia comprobada destinados a devolverle a la usuaria la belleza y glamur de los años idos. Como ya mencioné, la condición de salud de cualquier persona en la tercera edad depende del cuidado de salud practicado en la juventud y adultez joven. Ya en la tercera edad, las dos estrategias conocidas por su eficacia en producir beneficios generales para la salud son la alimentación equilibrada y la actividad física vigorosa y regular. Con ello, los años acumulan más vida.

La trascendencia de las ECV a lo largo de la vida de las mujeres se puede resumir así:

  1. Las enfermedades cardiovasculares y cerebrovasculares son la causa de una de cada tres muertes de mujeres al año, lo que significa el deceso de una mujer cada 80 segundos, aproximadamente.
  2. Sobreviven menos que los hombres al primer ataque cardíaco.
  3. Solo el 34 % de las mujeres latinas conoce que las enfermedades cardiovasculares son su mayor riesgo de salud. En promedio, las mujeres latinas tienen probabilidad de desarrollar ECV 10 años antes que las no latinas.
  4. El 80 % de los eventos cardiacos y cerebrales puede evitarse mediante la educación y cambios en el estilo de vida, fundamentalmente dieta saludable, actividad física rutinaria y vigorosa, cesación del tabaquismo y pérdida de peso si es necesario.

La vulnerabilidad cardiovascular  y metabólica del sexo femenino es un hecho reconocido por lo que toda mujer debe poner mayor cuidado en el control de los factores de riesgo si estuvieran presentes, y una mayor observancia a un estilo de vida saludable en virtud

de que, hoy día, ellas están sometida a un mayor nivel de estrés por sus muchas responsabilidades provenientes de la esfera familiar, laboral, social y emocional.

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