El valor invisible de la actividad física
Gráfica: cortesía
EL IMPULSO Latino
MIAMI-DADE.– Los beneficios para la salud de la actividad física están más allá del debate y están respaldados por innumerables y consistentes estudios de investigación. Las personas que son físicamente activas disfrutan de una mejor calidad de vida, mayor capacidad funcional, menor riesgo de enfermedades crónicas y una esperanza de vida más larga y llena de buena salud en comparación con grupos de personas menos activas.

MEDICINA DEL ENVEJECIMIENTO
Autor: Dr. J. Ildefonzo Arocha Rodulfo / Cardiólogo clínico
jiarocha@gmail.com
Hasta este punto, el concepto de ejercicio como medicina se ha promovido desde hace más de una década. Quizás es más importante destacar que es evidente que cualquier cantidad de actividad física, aun por debajo de las pautas recomendadas actuales (p. ej., 150 minutos o más de actividad física vigorosa por semana) tiene tremendos beneficios para la salud. En otras palabras, cada paso que da una persona, cada minuto que no se queda de brazos cruzados, y cada minuto que hace ejercicio debe ser alentado y celebrado. Éste ha de ser el enfoque pragmático para crear objetivos de actividad física más realistas para una proporción mucho mayor de la población general, muy especialmente en el adulto mayor: muévase más y siéntese menos cada día. Sin embargo, con un mensaje tan simple pero poderoso, reforzado por investigación, el mundo sigue hundiéndose cada vez más en el abismo sedentario condenando muchas veces al adulto mayor a una poltrona o silla cómoda con la TV encendida. Este “castigo” acelera el deterioro funcional del anciano.
Mejorar la comprensión de los beneficios de aumentar la actividad física y la capacidad funcional a los sistemas del organismo nunca ha sido tan importante como lo es ahora. De la pandemia del COVID-19 la ciencia médica aprendió lecciones muy importantes para la salud en general. Los hechos demostraron que las personas, fundamentalmente los mayorcitos, con baja capacidad funcional tuvieron más del doble de riesgo de morir por COVID-19 en comparación con los que tenían una capacidad funcional moderada o alta, e incluso adultos jóvenes con una capacidad funcional más alta tenían una probabilidad reducida de mortalidad, de menos probabilidad posterior de eventos relacionados al COVID-19 y de hospitalizaciones e ingresos en unidades de cuidados intensivos.
También los hallazgos sugieren que la prolongación del COVID-19, ahora denominado COVID persistente, tiene un efecto perjudicial sobre la función cardiovascular. Si bien existen datos epidemiológicos que destacan la relación ventajosa entre los resultados de la capacidad funcional, la actividad física y el COVID-19, hay una escasez de datos mecanicistas que los sustenten y, como tal, sigue siendo una meta el optimizar capacidad funcional y la actividad física para mejorar los resultados de estas enfermedades.
Aunque existen numerosas investigaciones sobre el amplio espectro de beneficios de la actividad física, poco se conocen los mecanismos de tales acciones, aunque sin dudas, tales efectos se deben a los “mensajeros de la salud”, científicamente conocidos como miocinas (mioquinas) y exercinas que tienen blancos específicos en numerosos órganos. Por ejemplo, el factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF por sus siglas en inglés), estimula el desarrollo neuronal mejorando el aprendizaje y la memoria, frena los procesos degenerativos del sistema nervioso central y está reconocido como un factor de crecimiento del hipocampo (pequeña área cerebral responsable del aprendizaje y la memoria) e involucrado en la supervivencia celular y aprendizaje. Otra miocina como la irisina, remodela el tejido adiposo transformando la grasa blanca o mala en parda o marrón que es biológicamente más activa aumentando el gasto energético y favoreciendo la disminución del tejido adiposo; pero además, mejora la regulación glucémica en el control de la diabetes y recientemente se ha comprobado que la irisina secretada durante el ejercicio juega un papel vital como puente entre la función muscular y la salud ósea, ya que no solo promueve el crecimiento del hueso sino que también inhibe su reabsorción. Una citocina muy particular es la osteocalcina que, además de contribuir en la salud ósea, es liberada por el hueso a instancia del trabajo muscular y esta hormona alcanza el cerebro y estimula directamente el hipocampo, la región central responsable de la memoria y el aprendizaje, promoviendo la creación de nuevas neuronas y fortaleciendo las conexiones existentes, combatiendo directamente el deterioro cognitivo asociado a la edad y mejorando la agilidad mental.
En la figura, algunos de los innumerables beneficios de la maquinaria muscular activa.

Pero esta historia está muy lejos de terminar ya que este es un campo de reciente conocimiento y la investigación marcha a pasos agigantados para obtener el mayor y mejor conocimiento posible para el alivio de las numerosas enfermedades que afectan al ser humano.
Es bien conocido desde tiempos inmemoriales que la humanidad ha estado, metafóricamente hablando, buscando el camino que conduce a la “Fuente de la Juventud”, es decir, formas de garantizar una vida más larga y saludable. Y si bien es posible que aún no nos beneficiemos de ningún medicamento o tecnología “milagro” para prolongar nuestra esperanza de vida a lo largo de los cien años, muchos estudios recientes han proporcionado una fuerte evidencia en apoyo de la noción de que la alimentación saludable y la actividad física pueden ayudarnos a mantenernos saludables durante más tiempo y disminuir nuestro riesgo de muerte prematura.
Ahora bien, ¿de cuanto actividad física necesitamos?, esta pregunta es difícil de responder, pero recientes publicaciones señalan que aún pequeñas dosis o ráfagas de actividad física vigorosa son beneficiosas, pero condicionada a ser ejecutadas dos o más veces al día. Esta aseveración no está en contra de lo propugnado por las guías de las sociedades científicas de los 150 minutos semanales o 7.000 pasos diarios, pero para muchas personas (especialmente, ancianos o discapacitados) esta meta es casi imposible.
Hoy día, la medicina de precisión obliga a individualizar las estrategias terapéuticas. Ya aquello de que la “misma salsa del pavo sirve para la pava” carece de sentido, porque conocemos que hombres y mujeres, a pesar de ser anatómicamente similares, biológicamente somos totalmente diferentes. En este sentido para concretar una respuesta racional, se recomienda que toda persona joven o anciana sin o con pocas limitaciones debe trazarse la meta de los 150 minutos semanales o más (incluyendo, al menos, dos sesiones de ejercicios de resistencia). Para las demás personas, cualquier forma de actividad física que implique trabajo muscular puede ser beneficiosa para la salud si se cumple de manera rutinaria para que ocurra la producción y liberación de las sustancias bioactivas mencionadas y hagan su efecto saludable.
Por el contrario, la ausencia de trabajo muscular conduce a la falla del músculo por degeneración de las fibras y su infiltración o reemplazo por grasa lo que conduce a la sarcopenia.
Por su salud, muévase más y siéntese menos.
