Cómo superar los pensamientos intrusos

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Dr. Renny Yagosesky

El Impulso Latino

MIAMI.- ¿Alguna vez tuviste un pensamiento que llegó sin permiso, te incomodó y no podías sacarlo de tu mente, aunque sabías que no tenía sentido? A eso se le llama pensamiento intrusivo. Se trata de un contenido mental que aparece de manera automática, repetitiva y no deseada. Es algo que les sucede a millones de personas, sobre todo cuando tienen preocupaciones recurrentes, mucho estrés o respuestas de ansiedad.

¿Qué los causa?

Teniendo en cuenta que nuestra mente tiene sectores más conscientes y otros menos conscientes, demos un vistazo a las causas más frecuentes que se asocian con los pensamientos intrusivos.:

            Traumas o estrés emocional: Cuando la mente ha vivido situaciones difíciles, dolorosas o impactantes, queda más sensible al miedo y se vive en estado de alarma. Entonces, el cerebro produce imágenes, recuerdos o ideas que aparecen sin aviso, como una forma de estar “preparado” ante posibles peligros. No es peligro real, es memoria emocional activada.

            Aprendizajes tempranos y modelos familiares:Si en la infancia se vivía tensión, miedo, sobreprotección o preocupación constante, la mente aprende a “estar alerta”. Aunque la persona hoy sea adulta y esté a salvo, su cerebro sigue funcionando como si viviera en peligro. Eso genera pensamientos de duda, inseguridad o riesgo, aunque no haya amenaza.

            Perfeccionismo y exceso de control: Personas muy perfeccionistas, responsables o que temen equivocarse suelen pensar demasiado, anticipar problemas o imaginar escenarios extremos. La mente crea pensamientos intrusivos para “prevenir riesgos”, aunque esos riesgos no existan realmente.

            Influencia de tóxicos:El uso frecuente de agentes o sustancias tóxicas como el alcohol y otras drogas puede generar alteraciones con efecto residual que derivan en ideas intrusivas

Consecuencias más frecuentes

            Los pensamientos intrusivos afectan los pensamientos , las emociones y la respuesta corporal. Mentalmente, los intentos de negar o de los pensamientos intrusos, losa hace resistentes.. La persona comienza a dudar, a cuestionarse, a repasar qué significa y por qué le aparece. Sin querer, entra en un círculo de preocupación que refuerza el pensamiento.


¿Son o no son peligrosos?

            El cerebro interpreta el pensamiento como una señal de peligro real y activa un flujo de adrenalina, el corazón late más rápido, hay tensión muscular y sensación de inquietud. El cuerpo reacciona como si lo pensado fuera un hecho objetivo. Aparecen miedo, culpa, vergüenza, inseguridad o tristeza, no por el contenido del pensamiento, sino porque pensamos que es algo peligroso y/o moralmente cuestionable. Se genera un bucle o círculo vicioso: pensamiento, preocupación, tensión corporal, más pensamientos…

Cuando nos identificamos con lo que estamos pensando podeos llegar a pensar que estamos perdiendo la razón y que hay algo peligro sucediendo. Pero eso no es necesariamente cierto. Un pensamiento no refleja una intención solida ni es una señal de locura. Es solo un evento mental que solo se vuelve perturbador porque le damos una interpretación exagerada y porque nos anticipamos negativamente. Cuando se aprende a responder con calma, el pensamiento pierde fuerza, su frecuencia e intensidad se reducen y tiende a desaparecer.

¿Cómo podemos superarlos?

• Entender que se trata de un pensamiento, no de un hecho real en sí mismo”.
• Relajar el cuerpo: respirar lentamente, caminar, mover el cuerpo.
• Cambiar el foco: hacer una tarea concreta, como conversar, trabajar, leer o cocinar.
• No combatirlo: observarlo sin analizarlo, restarle atención y dejar que pase.
• Observarlos sin juzgar a través de ejercicios de meditación.
• Enfocarse en experiencias sensoriales como lo que vemos, oímos, olemos, etc.
• Si se repiten con frecuencia o causan malestar, buscar apoyo psicológico.

Debido a que somos seres muy  mentales y pensantes, siempre tendremos un flujo de numerosos pensamientos. La clave aquí no es dejar de pensar, sino aprender a responder de modo adecuado. Cuando dejamos de combatirlos y los entendemos como actividades normales de la mente, estos se debilitan. Y es bueno señalar que la salud mental no se mide por los pensamientos que uno tiene, sino por lo que uno hace con ellos. Gracias por leerme.

 Imagen cortesía IA 

Dr. Renny Yagosesky
Psicólogo Clínico, MSc& PhD  en Psicología,
Conferencista y Escritor

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